Existe una estrecha relación entre los accidentes de tráfico y las negligencias médicas. En realidad, entre éstas y cualquier tipo de accidente (laborales, deportivos…). La razón, es obvia, cuando se produce un accidente con lesiones graves o riesgo para la vida de una persona, se desencadena una situación de urgencia, en muchos casos con una persona inconsciente, en la que es preciso adoptar decisiones de forma precoz que apenas permiten margen para la especulación.

Pensemos por ejemplo en una intervención programada en la que, tras la realización de los estudios previos, consultas y distintos tratamientos se decide intervenir a un paciente. En esos supuestos nos encontramos ante un escenario reglado, seguro. En contraposición a lo anterior cuando se produce un accidente de tráfico, puede, por ejemplo, haberse producido una perforación abdominal y numerosos traumatismos que comprometan la vida del paciente y requieran una intervención urgente. Intervención que deberá realizarse sin apenas tiempo para llevar a cabo las pruebas diagnósticas necesarias, sin conocer posibles alergias del paciente… De ahí que la probabilidad de que algo “salga mal” es considerablemente más elevada.

Ahora bien, que algo salga mal durante una intervención tras un accidente de tráfico, no es sinónimo de que nos encontremos ante una negligencia médica. En efecto, la lex artis (recordemos el parámetro rector empleado por los juzgados y tribunales en España para determinar cuándo un acto médico es o no correcto) tiene en consideración las circunstancias concretas en las que se desarrolla el acto médico en cuestión, valorando los medios disponibles, los conocimientos y capacidad del interviniente, el estado del paciente y el contexto en el que se desarrolla la asistencia. De tal manera que errores que en otros casos podrían considerarse contrarios a la lex artis y, por tanto, merecedores de una condena, en casos de accidentes de tráfico puede que no sea así, por cuanto la asistencia tiene lugar en una situación de urgencia con medios limitados y por tanto con mas margen para la equivocación.

Algunas de las negligencias médicas mas habituales en supuestos de accidentes de tráfico son las siguientes:

  • Retraso de la asistencia inicial. La negligencia tiene lugar como consecuencia del retraso en la llegada de la ambulancia al lugar de los hechos. Las consecuencias pueden ir desde un agravamiento de las secuelas hasta el fallecimiento del accidentado.
  • Incorrecta inmovilización. Casos en los que una vez atendido el accidentado se decide su traslado y no se realiza una adecuada inmovilización dentro de la ambulancia ocasionándose a consecuencia de ello una caída.
  • No realización de pruebas diagnósticas; retraso en proceder con las mismas; o incorrecta interpretación de los resultados.  Las consecuencias en estos casos pueden ser extremadamente graves, desde hemorragias cerebrales no diagnosticadas por no realizar un escáner cerebral a lesiones medulares por fracturas vertebrales no diagnosticadas.
  • Errores como consecuencia de la incorrecta trasmisión de información entre los facultativos intervinientes en cada iter de la asistencia.