Una infección urinaria se define como la invasión de microorganismos en el tracto urinario. Puede producirse por dos vías diferentes: por el extremo inferior de las vías urinarias (abertura en la punta del pene o de la uretra, según se trate de un hombre o de una mujer), que es el caso más frecuente; o bien a través del flujo sanguíneo, en cuyo caso la infección afecta directamente a los riñones.

Normalmente no suele tratarse de una patología de gravedad y, con un adecuado diagnóstico y tratamiento, se curan sin mayores incidencias.

Sin embargo, en ocasiones las infecciones pueden tener importantes consecuencias para la salud e incluso para la vida del paciente. Sobre todo, en pacientes de edad avanzada o inmunodeprimidos.

Lo que resulta mas excepcional es que una persona joven y sin patologías previas fallezca como consecuencia de una infección de orina. No obstante, existen casos de este tipo, pudiéndose citar, por ejemplo, el acecido en el Hospital de Fuenlabrada con una mujer de 40 años de edad. Ingresó en el Servicio de Urgencias del centro el día 30 de abril (coincidiendo con el inicio de un puente) y como consecuencia de la falta de asistencia sanitaria de la que fue objeto hasta el día 5 de mayo, la infección fue agravándose con fiebre de hasta 40º, baches de hipotensión, vómitos…  hasta que finalmente cuando fue evaluada por el personal facultativo, el cuadro era de tal gravedad, que no pudo hacerse nada por salvar su vida.

El anterior supuesto, como decimos, es un caso excepcional: las negligencias médicas mas habituales relacionadas con infecciones de orina, suelen venir por el propio contagio sufrido en un centro sanitario, por errores a la hora de realizar el tratamiento, por errores de diagnóstico con un cáncer de vejiga…