La prescripción médica puede definirse como el acto médico, en virtud del cual el facultativo pauta la administración de un determinado fármaco a un paciente.

Desde un punto de vista técnico se define la prescripción médica como un acto científico, ético y legal, mediante el cual un profesional médico utilizará un producto biológico, químico o natural que modificará las funciones bioquímicas y biológicas del organismo de una persona con el objetivo de alcanzar un resultado terapéutico. Este acto implica simultáneamente someter a esa persona a un riesgo que no tenía con anterioridad y que puede llegar a ser invalidante o mortal.

Una negligencia médica habitual en los hospitales y centros de salud españoles, suele ser la relacionada con errores en la prescripción médica, en sus diferentes vertientes. Pasamos a continuación a analizarlas.

 

Retraso en a la prescripción

El primer caso con el que podemos encontrarnos en estos supuestos, es el de un injustificado retraso en la indicación de un tratamiento farmacológico. Como ejemplo de ellos podemos citar:

  • Retraso en la indicación de antiagregantes o anticoagulantes tras una cirugía en la que en el postoperatorio el paciente permanece encamado. Si la indicación (y por tanto la administración) de dichos fármacos no se inicia de forma precoz puede provocarse al paciente una trombosis que puede desembocar en graves lesiones e incluso en su fallecimiento.
  • Retraso en la administración de tratamiento antibiótico tras la realización de una cirugía “sucia” (ej. aquellas en las que se manipulan los intestinos), en una cirugía en la que se implanten prótesis… que pueden dar lugar a situaciones extraordinariamente graves como una septicemia. En estos supuestos el tratamiento antibiótico suele incluso administrase de forma profiláctica, incluso antes de que se lleve a cabo la intervención en cuestión.

 

Prescripción de fármaco incompatible

Cuando un paciente cuenta con patologías previas para las que tiene indicado un determinado tratamiento médico, es capital una correcta lectura de la historia clínica, dado que existen multitud de fármacos que tienen interacciones graves con otros fármacos. En ocasiones, por despiste, por exceso de confianza, o simplemente por negligencia, se obvian esos datos, y se comete un error en la prescripción. Como ejemplos de ello pueden citarse: prescripción de Nervinex (fármaco para e tratamiento del Herpes Zoster) en un paciente en tratamiento con quimioterapia; administración de Metformina a un paciente al que administrado contraste yodado para la realización de una prueba de imagen (cuando hay signos de deterioro renal).

 

Prescripción de fármaco a un paciente alérgico

Otro tipo de supuestos (muy relacionados con el anterior) es el de la indicación de un fármaco (del que se tiene previa constancia) al que el paciente es alérgico o existen indicios de que pueda serlo. Un caso especialmente grave, es de la intolerancia o alergia (por leve que esta sea) a los cacahuetes y la administración del Propofol, medicamento anestésico, empleado de forma masiva en la actualidad. Si el medico no comprueba los antecedentes y/o no realiza una correcta anamnesis, puede dar lugar a que el paciente sufra un shock anafiláctico de catastróficas consecuencias en caso de prescribir dicho fármaco a un paciente con alérgica al cacahuete.

 

Prescripción de una cantidad no adecuada

Otro supuesto habitual es el de las prescripciones inadecuadas, ya sea por exceso o por defecto. Detrás de estos casos, suele estar el exceso de confianza y la falta de celo, a la hora de comprobar en las fichas técnicas las cantidades recomendadas en función de la patología, y en no pocas ocasiones errores en la trascripción de las indicaciones por estar mal anotadas o estado de forma ilegible induciendo con ello al error.