En la actualidad, dados los notorios avances en oftalmología, es muy habitual que las personas afectas de patologías oculares decidan someterse a una operación de miopía para evitar depender del uso de gafas y/o lentillas.

A ello contribuye el hecho de que como norma general son técnicas seguras y controladas. Sin embargo, como en todos los ámbitos, en ocasiones, acaecen problemas que llevan a que no solo no se corrijan las dioptrías, si no que el paciente presente nuevas secuelas. Nos referimos aquí a los riesgos de una operación de miopía, entre los que destacan los destellos, síndrome del ojo seco, infecciones oculares, queratitis, queratectasia, queratocono y, en los casos más graves, ceguera.

 

¿En qué consiste una operación de miopía?

Sin perjuicio de que existen en el mercado diversas técnicas para su realización, la más habitual es aquella en la que mediante un láser se modifica la curvatura de la córnea para corregir las dioptrías.

Como decíamos, este tipo de técnica (en manos expertas) es muy segura, dado que se emplean láseres de precisión con escaso margen de error. Sin embargo, ello no implica que esté exenta de riesgos: los inherentes al propio procedimiento quirúrgico y los derivados de una mala praxis médica.

 

¿Cuáles son las negligencias médicas más habituales en una operación de miopía?

Las negligencias médicas en caso de una operación de miopía suelen estar relacionadas con el preoperatorio y el postoperatorio, más que con la propia cirugía en sí.

Como punto de partida hemos de referirnos al consentimiento informado. Este aspecto es particularmente relevante. La operación de miopía no está dentro de la cartera de servicios de la sanidad pública. Por ello, aquellas personas que deseen someterse a este tipo de cirugía deberán hacerlo de forma privada, abonando el coste de la misma al oftalmólogo o clínica al que deseen contratar.

A diferencia de lo que ocurre en el ámbito de la sanidad pública, en la medicina privada existe (es innegable) un factor económico. Es decir, la clínica tiene un interés económico en que el paciente se someta a la intervención, algo completamente licito, siempre y cuando no afecte al derecho de libre autodeterminación del paciente, es decir, siempre y cuando se suministre información completa y detallada sobre los riesgos generales (y personalizados) de la intervención para que el paciente decida libre y conscientemente si desea asumir los mismos.

Por otro lado, existen casos en los que la cirugía correctiva de la miopía no está indicada, como, por ejemplo, en el de los pacientes con córneas irregulares o demasiado finas, con pupila dilatada (midriática), con error de refracción elevado, visión inestable… En estos casos es vital un adecuado preoperatorio para determinar si el paciente en cuestión es candidato a este tipo de cirugía. De no ser así, el hecho de recomendar y someter a una operación al mismo podría considerarse una negligencia médica.

En último lugar, tras la realización de la intervención pueden producirse actuaciones que sean constitutivas de una mala praxis médica que acarreen secuelas en el paciente, fundamentalmente, ausencia de indicaciones a seguir durante el postoperatorio y retraso diagnóstico de posibles complicaciones.

 

Apunte jurisprudencial: obligación de medios vs obligación de resultados

Como cuestión final debe referirse que, en los últimos años, la jurisprudencia parece que ha dejado de categorizar este tipo de intervención médica como una obligación de resultado, pasando a considerarla como una obligación de medios (aquí para más información). Es decir, que ya no dará lugar a indemnización el simple hecho de no alcanzarse el resultado pactado (es decir la corrección de la miopía), si no que para que se produzca una condena será preciso que haya mediado una mala praxis médica, ya sea por vía de la acción o de la omisión.