El actual sistema sanitario español está configurado de tal forma que es muy frecuente que un médico trabaje en un hospital público en horario de mañana, tenga una consulta privada en horario de tarde, e incluso, que en ocasiones opere por las noches.

La cuestión entonces es ¿cuándo descansa? Y sobre todo ¿es igualmente diligente y exhaustiva la actuación del cirujano cuando interviene a un paciente al comienzo de su jornada que cuando lleva a cabo una operación tras mas de doce horas de trabajo?

La mayor parte de las negligencias médicas tiene lugar en horario de tarde y de noche

La respuesta en nuestra experiencia es rotundamente no. Se producen más negligencias médicas (porcentualmente) en intervenciones quirúrgicas realizadas en horarios de tarde y de noche. Lo mismo ocurre en las consultas en los servicios de urgencias, en las que, estadísticamente, se producen mayor número de errores de diagnóstico cuando la asistencia se dispensa entre la tarde y la noche (aunque en estos casos, debe tenerse presente el aumento puntual de asistencia en los servicios de urgencias hospitalarias).

Hace unos días el diario El Mundo publicó un artículo de sumo interés a este respecto (puedes hacer clic aquí para acceder al contenido íntegro del mismo) a propósito de la obra de Daniel H. Pink titulado “¿Cuándo? La ciencia de encontrar el momento preciso”.

En el artículo se hace referencia a varios pasajes de la obra, en la que pueden encontrarse afirmaciones tan llamativas como estas:

Pink tiene un poderosísimo motivo para eludir los centros sanitarios en cuanto la mañana toca a su fin: quiere seguir viviendo. Según él, a medida que el día avanza y las horas transcurren, entrar en un hospital se vuelve un acto peligroso que entraña graves riesgos para la salud.

Y pone ejemplos:

Por las tardes hay tres veces más posibilidades de que un paciente reciba una dosis de anestesia potencialmente letal.

Por las tardes las personas que son operadas tienen bastantes más posibilidades de morir en los 40 días siguientes a la intervención que quienes pasaron por el quirófano por la mañana.

Por las tardes es 26 veces más probable que los médicos prescriban antibióticos innecesarios (facilitando así el crecimiento de virus resistentes a los fármacos).

Por las tardes el personal sanitario es diez veces más propenso a no lavarse las manos que sus colegas de las mañanas.

Por las tardes las colonoscopias que se realizan detectan directamente la mitad de pólipos (pequeños tumores en el colon) que las que se llevan a cabo por las mañanas.

“Conforme avanzan las horas del día el poder del cerebro no es el mismo”.

Los datos, son sin duda preocupantes. Según el autor del ensayo:

Nuestras capacidades mentales no son estables durante toda la jornada, cambian. Sabemos que hay determinados momentos a lo largo del día en los que los seres humanos estamos más vigilantes, más en estado de alerta. Y esos son momentos en los que tenemos mayor capacidad de concentración, de focalizarnos en algo sin distraernos. Alrededor del 80% de nosotros somos diurnos, estamos más vigilantes durante las mañanas. Pero hay cerca de un 20% de personas que, sin embargo, son vespertinas, están más vigilantes mucho después, por la tarde. Lo que es extremadamente importante es saber qué tipo eres y qué trabajo en concreto debes hacer a una hora en concreto”.

Reforma del sistema sanitario español

Lo anterior, en consonancia con los datos estadísticos (que demuestran un mayor número de negligencias médicas durante la tarde y especialmente durante las noches) debe llevar a plantearnos la estructura del sistema sanitario español, introduciendo variables, a la hora de fijar horarios y número de horas de las jornadas laborales de los facultativos, que en no pocas ocasiones, son maratonianas y mal remuneradas.

Dado que resulta una quimera la organización de los turnos de trabajo en función de la condición de diurno o verpertino de cada facultativo, sí puede y debe limitarse el número de horas que un médico puede estar trabajando, tanto cuando lo haga de forma exclusiva para la sanidad pública, como cuando alterne su función en la sanidad publica con actividades en la privada.

Al igual que en otros sectores existe una regulación del número de horas de actividad diaria, en el ámbito de la medicina es preciso adoptar medidas de este tipo.

No parece lógico que un trasportista tenga limitada su jornada a un número de horas, que además tenga la obligación de descansos obligatorios, y que un cirujano pueda trabajar veinticuatro horas al día sin límite y control alguno.

 

La precariedad laboral actualmente in crescendo esta afectado al sector sanitario

Una mejor planificación de los horarios, con jornadas máximas de ocho horas, ampliación de las plantillas, mejores condiciones laborales (tanto en forma de contratos indefinidos, como en remuneración por sus servicios) sin duda influirían muy positivamente en el desempeño de la labor asistencial de los facultativos.

Cada día que pasa sin que dichas medidas se adopten, la precariedad, las jornadas maratonianas y la sobresaturación de la ratio paciente/médico está provocando nuevas negligencias que cuestan vidas. Es prioritario que las administraciones publicas tomen cartas en el asunto.

Atlas Abogados, especialistas en negligencias médicas